El RD 11/2020 no protege a los vulnerables: crea nuevos vulnerables entre quienes cumplen la ley
- Kathy Diaz

- 29 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Hablo en primera persona porque lo he vivido. Porque llevo casi seis años atrapada en una situación profundamente injusta que sigue teniendo consecuencias hoy ,
no solo me ha destrozado económicamente, sino que me ha dejado una huella psicológica que todavía estoy pagando. Y hablo también porque, como presidenta de Aprovij, sé que lo que me ha pasado a mí les está pasando a miles de pequeños propietarios en toda España.
El RD 11/2020 se prorroga un año más sin pensar en las consecuencias que esta decisión tiene para quienes cumplimos la ley. Se vuelve a cargar sobre los mismos una responsabilidad que no nos corresponde, ignorando de forma consciente el impacto económico y psicológico que provoca. El daño no es teórico. Es real. Está ocurriendo ahora.
Conviene decirlo con claridad: esta prórroga no es inevitable. Las medidas pueden votarse por separado. No existe ninguna obligación de aprobar un paquete entero mezclando lo justo con lo injusto. Si una medida es correcta, debe defenderse por sí misma. Lo contrario no es consenso. Es chantaje político.
No quieren mirar la otra parte ni entender el abismo al que nos están empujando. Porque entenderlo implicaría asumir responsabilidades. Y eso, por lo visto, cuesta más que señalar al de siempre y pasar página.
El daño no es solo económico. Es psicológico. Cada vez que tengo que entrar en mi vivienda mi cuerpo se bloquea. Lloro. Vomito. Ver el piso arrasado, comprobar que no queda nada de lo que levanté con años de esfuerzo y sacrificio es devastador. No por un hecho puntual, sino por una situación prolongada en el tiempo, sostenida por decisiones públicas reiteradas que me han dejado sin salida y sin protección.
Y suena muy fuerte decirlo, pero es la verdad: después de toda una vida trabajando, a mis 50 años tengo que ver como me han arrebatado mis ahorros. Lo piensas y te hundes. Lo vuelves a pensar y te hundes otra vez. Este es un coste que no aparece en los discursos oficiales, pero existe y deja cicatrices.
Yo no he celebrado la recuperación de mi piso. Me niego a hacerlo. Me parece vergonzoso haber perdido cinco años y medio de mi vida para recuperar algo que es mío. Esto no es una victoria. Esto no se celebra.
Aunque mi familia me dice que pare, que descanse y que me cuide , no pienso callarme. Callar no me ha protegido. Aguantar en silencio no ha servido de nada. Seguiré hablando, denunciando y, si hace falta, gritando esta injusticia para concienciar. Porque hoy está pasando con la vivienda, pero mañana puede pasar con cualquier otro derecho.
Desde Aprovij vemos este mismo patrón repetirse una y otra vez en toda España : silencio institucional, desgaste extremo y una carga que nunca debería haber recaído sobre particulares. Pequeños propietarios obligados a asumir una supuesta función social que corresponde a la administración.
Cuando se normaliza que ciudadanos que cumplen la ley carguen durante años con responsabilidades que no les corresponden, el problema deja de ser un caso concreto. Es un fallo del sistema.
El RD 11/2020 se denuncia. Porque sigue causando daños reales, prolongados y evitables. Porque obliga a pequeños propietarios a asumir una función social que no les corresponde. Y porque ninguna sociedad justa puede sostenerse sobre el sacrificio forzado de quienes cumplen mientras otros deciden no mirar.
Aprovij existe para que esta crueldad no se oculte y no se maquille.





Comentarios